Mostrando entradas con la etiqueta rosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rosa. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de abril de 2009

Tras los pasos de mi Templo (VIII)


El verbo de tus ojos me da vida

iaIr menachem

Ningún sentido tendría que recordáramos la rosa si te la hubiera entregado, cuando era su tiempo, aquella vez. Y sin embargo, porque no la di no la veo, y su fragancia quieta se me corta entre las palmas de las manos. Habíamos entregado las ganas; olvidamos la flor, porque no sabíamos ya qué celebrar.

Ayer, apenas, disolvíamos en aire nuestras voces, para que no se oyeran las palabras de la devastación, las palabras que los destructores lloran en su paz oscura. Todo se perdía en nuestro duelo, y entonces, no atendemos a la evocación que adviene imbatible, construyendo la luz que tú, llegando apenas cuando todo sucedió, decías y me costaba comprender.

Apunta tu mirada hacia más allá de las nubes bajas: verás el suelo hermoso, que abrasa al pavor a los pies de nuestros pies. Y tus labios y tus ojos serán la mano que construye.


discurso providencial

por iaIr menachem, 5765

Yo soy Cien (toma cien, amor), y para nombrarte me visto de las rosas que me nombran. Hallarás los pétalos de mi voz hechos letra de trazo rubio, letra de trazo cristalino, letras de retazos de flores roncas y entre ellas el dibujo de glorietas, de senderos trazados por el discurso de todas las flores que son la Flor, desenroscando la alfombra del tiempo con los pies delante tuyo: cuando mueves el primer pie con que vas a dar un paso, hay bajo él un abismo, que merced a tu propio movimiento se cubre de la alfombra de rosa dicha y hecha, hecha porque dicha por tu voz.

Vas a hallar letras con los ojos del rostro y letras con los ojos de la mente y más letras ígneas con los ojos del alma si te atreves a seguirme. Vas a beber fuego y a redimirte de la duda en los manantiales de la rosa cuyo corazón se corona en la manzana que lleva por joya y trofeo la nuez con antenas que dibujan una corona nueva; y todo eso en el centro de la cebolla que creías poblado de vacío (un caso cualquiera de la norma del abismo).

Porque traen consigo un mapa las golondrinas, y otro diverso del suyo las ballenas, y un mapa salmónico es propiedad de los salmones, y toda hormiga superpone el mapa que le legó su maestro a cualquier terreno en que establezca hogar. El abismo debajo de los pies se redime en el relapso del sentido. La pregunta siempre es cómo te llamas, cómo habrás de llamarte un paso después, un verso acto de amor una recreación y la licuefacción del espejo después de reconocerte en las palabras de la rosa, en las palabras que se caminan a sí mismas desenroscándose bajo tus pies, para decirte, para nombrarte, para decirte haciéndote decir tu nombre y así, como lo digas, así será.