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domingo, 26 de abril de 2009

Tras los pasos de mi Templo (IV)

iaIr menachem, Iár 5765

De pronto, una puerta nueva que me supo conocida. Como un mausoleo con sangre corriéndole por las venas; como una memoria enmudecida subvirtiendo por fin la realidad desde el vientre de mi tiempo. Nunca había sentido a mi amigo Marcel y, no obstante, le reconocí de inmediato en un fragor tibio que cambió mi voz y la posición de mi cuello.

No es la mía la única sonrisa. Jorge tiene los ojos dilatados, y le acompaña un maestro Grid. De las escaleras que pendían del cielo, no veíamos sino la huella leve hendiendo la arena fina. Temblaba, cariño mío, con alegría. Los sacerdotes alumbraban un Templo que no estaba allí pero estaría. Nos oímos decir palabras que nadie dice, y se hacían prisa del aire, almizcle llorado por el habla en gotas densas que regeneran la conciencia.

Está allí pero nadie lo ve, cantamos. Cantamos en otro idioma que no sé reproducir. Está expuesto en medio de todo, completo, sin máscaras ni tapujos, y nadie lo ve; sólo tú, sólo yo; sólo ella lo advierte y grita, y también él en su parnaso alza la voz. Se alza en madera forrada de cobre, forrado de plata, cubierta de oro macizo tallado por las manos que por fin ganan su nombre: ahora vemos nuestras manos. Nadie lo ve. Sólo ella lo ve, y lo ve él. Sólo tú y yo. Multitud de hélices surcan el bajo cielo leyendo los planos que se dibujan en la piel de todos. Algunos huyen hacia delante y es su canto de pavor sin fin, hasta que rompen a llorar y derribar su mundo viejo. Otros, más serenos, aprenden la danza y se unen: no se ven las palas, los cinceles, los martillos, no se ven los materiales ni la obra. Sólo nosotros los vemos, sólo los vemos al respirar. Los incomunicandos se visten de un pánico sereno, de la más neurótica certeza; se los ve boyar como a las noches sin luna cazando cada memoria de los crepúsculos que ya no habrá.

discurso providencial

por iaIr menachem, 5765

Yo soy Cien (toma cien, amor), y para nombrarte me visto de las rosas que me nombran. Hallarás los pétalos de mi voz hechos letra de trazo rubio, letra de trazo cristalino, letras de retazos de flores roncas y entre ellas el dibujo de glorietas, de senderos trazados por el discurso de todas las flores que son la Flor, desenroscando la alfombra del tiempo con los pies delante tuyo: cuando mueves el primer pie con que vas a dar un paso, hay bajo él un abismo, que merced a tu propio movimiento se cubre de la alfombra de rosa dicha y hecha, hecha porque dicha por tu voz.

Vas a hallar letras con los ojos del rostro y letras con los ojos de la mente y más letras ígneas con los ojos del alma si te atreves a seguirme. Vas a beber fuego y a redimirte de la duda en los manantiales de la rosa cuyo corazón se corona en la manzana que lleva por joya y trofeo la nuez con antenas que dibujan una corona nueva; y todo eso en el centro de la cebolla que creías poblado de vacío (un caso cualquiera de la norma del abismo).

Porque traen consigo un mapa las golondrinas, y otro diverso del suyo las ballenas, y un mapa salmónico es propiedad de los salmones, y toda hormiga superpone el mapa que le legó su maestro a cualquier terreno en que establezca hogar. El abismo debajo de los pies se redime en el relapso del sentido. La pregunta siempre es cómo te llamas, cómo habrás de llamarte un paso después, un verso acto de amor una recreación y la licuefacción del espejo después de reconocerte en las palabras de la rosa, en las palabras que se caminan a sí mismas desenroscándose bajo tus pies, para decirte, para nombrarte, para decirte haciéndote decir tu nombre y así, como lo digas, así será.

viernes, 24 de abril de 2009

EL ESCRIBA o el espantoso miedo que sufre un dios

daniEl I. Ginerman, 1996


I

La mía es el arte maldita.
El arte hembra que succiona mis impulsos, toma de mi vida para sí, y plasma diabólicas combinaciones de signos que nunca más dejarán de mostrarse, en esa impúdica e inmutable desnudez que ostenta la tinta cuando se la distribuye mágicamente sobre una feta de papel.

Mi abuelo David era músico. Seducíase sin hablar; me educaba en la moral de los acordes solidarios, la perennidad, la indiferencia de los eslabones, sones, el eco, el ritual de la consumación.
Dicen que religión es el impulso a ligarte con un objeto de deseo o devoción. Que es cada actitud que abre un canal recóndito entre realidad y añoranzas, para religarte, reunirte con la imagen mentirosa del espejo que no es.

El arpa sonaba permanentemente en aquel sucio santuario, detras de la cocina de la vieja casona; donde el abuelo David guardaba objetos inverosímiles que, se suponía, todos debíamos creer que el había utilizado alguna vez. Una sierra intacta aunque oxidada, un martillo de hierro, siempre los mismos dieciseis clavos tirados como al azar en que fueron dejados cinco eternos minutos atrás al ser interrumpida la tarea; un acordeón con el fuelle deshilachado, un banquito cómplice de carpintero sobre el que se apoyaba a la hora de rendir tributo a la libertad en los sonidos que despegaban de su arpa, desde aquel su armario encorsetado, sacro refugio en que el cielo se dejaba tañir por una inmensa devoción.

El arcoiris geminiano era nubes de pavor que inundaban la azotea suplicando, en nombre de los de más arriba, que el arpa los dejase por fin en paz, que no los convocara a las regiones de más abajo con un influjo que no podían resistir. Pero mi abuelo David insistía: ¿cómo vencer al Goliat de cada día sin los disparos certeros del arpa doblegándole hasta sumirlo en la profusa letanía del arrepentimiento sin final? ¿Cómo ejercer el sacerdocio sin altares, sin ofrendas, sin el lenguaje que utilizaba dios para hablarle, en el movimiento ligero de sus dedos?

He oído que el aprendiz de sabio tiene vedados los caminos de la profecía, que la divinidad queda reservada para la inocencia aunque aquélla pueda mirarla, contemplarla, analizarla, anhelarla, añorarla, instaurarla. He oído que Moises supo predicar la verdad y la belleza para su pueblo, mas hubo de subir desde la tierra hacia la profundidad con su mirada clavada en la belleza de unas mieles en que sus huellas jamás se marcarían.

II

Con paciencia resignada a una rabia irredimible, acoso a mis letras requiriéndoles, exigiéndoles, la vida que les di, yo su dios, el que soy lo que son, el subyugado a su realidad de la que ya jamás estará en mis manos poderme liberar.

Recuerdo a Tamara, la amada de David, horneando colores que saborearíamos cuando las religiones fónicas hubiesen agotado nuestras mas terrenas energías. La corona de Orfeo custodiaba entonces, hasta la siguiente oración, nuestros nombres musicales, y un arcilloso abuelo con su nieto se avenían a tomar del cáliz del mas acá, en los aromáticos platos que mi abuela ofrendaba a su dios amor. La sangre nos hervía entre ajos y claveles, té de rosas, almizcle silvestre y alcaparras de la huerta, ováceos alimentos que unían a las gallinas del maizal con su naturaleza primordial, carnes hábiles a la hora de humanizar los paladares nuestros, sonrisas al fin en que mi abuela Tamara, esposa y hasta madre quizá del soñador David, conversaba a su manera con los tornasolados acordes que alguna forma del destino había vertido para la eternidad entre sus senos.

Solo el palio nupcial redimió a mi ignorancia de comprender el maravilloso mundo de Tamara. Cardos, hojas de parra, pimientos rojos y verdes y sucios, paltas y guayabas y lechugas y la mar de frutos de la tierra, devenían semillas de celestialidad al paso de su arte y de sus manos; sabían a pociones lúdicas con que el universo este nos premiaba por resistir nuestra propia deificación, por conocer los caminos que no recorrería jamás una estatua de sal, por mayor Sodoma que hubiese sabido abandonar.

Tamara, a diferencia de mi abuelo David, jamás revelaba sus secretos. Eva, mujer como aquélla capaz de engendrar hombres entre los vértigos de su vientre, era también la Lilith hábil para medirse con demonios; virilmente inducía en nosotros un sentido práctico con el que los problemas de la vida se solucionaban meripopinícamente, sin llegar a desdeñar las largas horas que disfrutaba el arpa tocando su música en nosotros.

David tañía entonces las cuerdas de su mujer, y el objeto de devoción ajeno a mi niñez incandescente se hacía otro, común a ambos, y tomaba posesión de sus miradas y de sus rezos y de sus besos, y la religión toda devenía alcoba por el ojo de cuya cerradura no lograba oír, yo, espía y traidor a la púdica sacralidad del ritual sublime, más que una música que parecía una insólita combinación de arpas y cacerolas, de la que no menos las unas que las otras parecían presentes y ausentes a una vez.

III

Mis dedos leves frente al teclado del ordenador se tornan espantosamente torpes cuando los enfrento al piano, a la guitarra. Culpa de un arrebato de juventud del que jamás me perdonaré no haberme arrepentido, el arpa cambió de manos mucho tiempo atrás, en un remate de antigüedades. Otros cultos, otros dioses me la pidieron, y sin saberlos efímeros y fugaces, inconscientemente se las concedí. En la cocina, en cambio, obran aún mis manos alguna que otra magia; pero no me engaño: sé que hoy es menos que ayer, y que no más que hoy se me concederá mañana.

Barbas copiosas y años debieron pasar por mi mentón para que comprendiese la paz verdadera de David, mientras Tamara horneaba incansablemente arpas con que saciar su ansiedad de ser. Había un arte salobre en la gelidez de sus esperas sin final, en el gesto con que empuñaba los cántaros de miel para comparecer siempre ancla ante el altar de la liviandad. "Ayuda frente a él" es la traducción que más me gustó para el versículo del Génesis en que el Creador forma a Eva para paliar la soledad de Adán. Ayuda. Ancla. Morada, cobijo, útero recóndito del que saliste y al que por siempre anhelas regresar. Ayuda sabia que te recibe y ve por ti cuando tienes los ojos cerrados, como gustaba hacer David y preguntarle a Tamara que percibía en derredor.

IV

Nada peor para un fausto que ser ignorado por el diablo.
Las brisas inundaban de vigor la apaisada cabellera de mi abuelo Israel, que domaba su dulce melancolía entre avatares y picardías sobre las arenas de un desierto de piedra roja silibante.

Entre una y otra loma yacía una choza, en cuyo centro se erigía la inteligencia de Israel abarrotado de letras y números y signos y tinieblas y memoria, y colores de lo adverso a los que el óxido de los años iba tiñendo de perverso. Crepusculaban en la cabaña a cada hora soles ignotos, cuya sangre llovía bajo el alféizar haciendo brotar chispas que se disolvían en la soledad.

Israel combinaba letras y luces y carneros y poesía y videncia con el amor amante de su amada Dalila enamorada. Dalila barría concienzudamente las brumas que mi abuelo esparcía en derredor y sorbía los jugos que fluían entre las brisas de papel y las telas coloridas que pintaban la vida de Israel.

El éxtasis se sumía en mi abuelo y saltaba a través de sus pinturas hacia las tierras oleadas y esbozadas sobre la tela. Cada puerta llevaba el nombre de una letra de color, y entre todas gozaban la exclusividad de conformar un cosmos mágico y consistente que abarcaba el universo sin exceder los confines de la cabaña.

Justo antes de que Dalila cumpliese su designio, mi abuelo Israel logró pintar el arpa y saltar al tallercito, para tornar a una carne a mis progenitores sobre cuyo regazo encarné, luego de siglos de cultivar en vano el verbo escrito.

Y fue cuando escuché el arpa y vi las puertas, que aprendí del poder de la palabra, cuando la pureza de que adolezco se hace verbo en la voluntad de quien deviene creador. Nada peor para un fausto que ser ignorado por el diablo. Nada peor a saber que por saber demasiado has olvidado el sabor de lo que sabes, y no sabes a qué sabe cuanto sabes. ¡Cuán espantoso sufrimiento se necesita para derribar cada día los ídolos que la noche ha depositado en el espejo!

620: CONVOCATORIA DE AMOR

iaIr menachem, 1994


let's spend the night together sigue diciendo mick jagger tantos años después mientras se reconcilia con su esposa de siempre y se va de vacaciones en familia. let's borrow from the night the time and the power, my love, let's take beauty juices from the smell of the moon, let's play soul, let's play -souls, just souls- just closing noise inthrough deepest waters, outhrough the availability of sacred single scream to stop crying once again, to avoid at least the ethernity to babel's languages and cross sights beyond the mirrors of the sea. let's play the sea spending togetherness by the night, let's teach our night to make love itself while we -souls, just souls- keep smiling instead of keeping laugh alive, let's go together to be spent by night and day as warriors of some private heaven, let's spend our sacred energies to run out from all this. I'm at the sea shore, closed in a deep car afraid of anyone. let's spend ourselves through night and mare, let's be there where my eyes don't see me any less than why to try what, what to try when it's everything in it's place and it's just to let us spend the time, just time -just souls-, just together while just together makes sense. keep quiet for a single while, I'm getting there, it's really here, just keep eyes widely wisely open and feel me, spending efforts of silence passing over uncoloured waters coming to your lips. let's spend our mouths -souls, just souls- togheter love, let's avoid from our language to lie. let's lie on ground and sea, let's dissapear just in the face of all of them, let's teach them their noises' cage doesn't stop our lips from silence, since -souls, just souls- we are together from ever, and being spent by the night is a religious gateway to the peacefully face of real life.

darling, estamos enfermos de la licuadora de idiomas, de la licuadora mediática, de la licuadora de cosas, de la licuadora de ruido, de la licuadora de puras licuadoras que se estiran enclavadas en nuestros cráneos como los clavos del aviso de geniol. darling we are the loneliness happy scream that almost anyone is finally able to desire. "átame átame" se dicen los unos a los otros ante las puertas del mar embravecido con miedo a (querer) caer, con el mismo maldito miedo a la entrega que prefigura la necesidad de un apocalipsis desde el inicio mismo porque no hay otra vía para el orgasmo ni otra vía que el orgasmo para resolver toda esta confusión.

are we together, are we a means of reverse mirror of normal insanity. are we the temptation of not being temptated any more.

no te dejes engañar amor más por estas lides y carreras y llamados y convocatorias y discursos que se repliegan y enmadejan y entrenudan y se enhiben y se rotan y se tocan.... y cuando se tocan es ahí donde llega el pavor de tocar algo que no está que no hay, dedos que se hunden en lo inerte del escalofrío porque nada tiene que hacer el fuego entre la flaccidez de las lujurias contradictorias a ras de piel, de las estúpidas fugacidades que contradicen la pasión del mar y de la luna, y del sol que rompe los ojos de los que miran hacia fuera y desconocen.

let's spend the life, my love, let's spend the life -souls, just souls- together dejando que se expanda como plasma luminoso el aura de amor desbordante que nos hace sabios.